Creo

El español es un idioma fantástico. Prueba de ello son las palabras envergadura, flamante, jofaina o cincel, y la conjugación en primera persona de los verbos crear y creer: Creo.

Lo que voy a decir puede sonar pretencioso pues creemos que crear es cosa de genios o de seres que están en otras ligas, consagrados gracias a sus creaciones: me gusta crear porque es una manera de creer. Mi manera. Cuando creo, creo: en lo que quiero contar, en el mundo, en mi imaginación, en mi creatividad, en mí.

Siempre he creado y no me imagino no haciéndolo. Cuando era chiquito pintaba. Pintaba de todo. Paisajes, barcos, carros, escudos de equipos de fútbol y de colegios, personajes históricos -mi papá tenía unos libros de grabados de la época de la independencia y la patria boba que me cautivaban-, pero sobre todo papas. No fritas ni tipo chip, no: pontífices. Cuando era chiquito también quería ser papa y miraba obsesivamente los libros de Historia de los papas -creo que así se llaman- que también tenía mi papá, y me aprendía todo y todo lo dibujaba. Pedro, Clemente, Sixto, Calixto, Urbano, León, Pío, Juan, Benedicto… sentía que así me acercaba a la posibilidad de convertirme en Pío XIII. Hasta que un día no supe qué más pintar y empecé a preguntar ¿Qué pinto? Una casa, me decían. Un perro, tal vez. ¿Qué pinto? No sé, me dijeron. Mi pregunta ya aburría a los grandes y opté por la fácil: dejar de pintar.

Descubrí, entonces, otras maneras de crear (y de creer). Hacíamos programas de radio con mis hermanos, por ejemplo. Poníamos en una grabadora de doble casetera el casete en el que se grababa el programa y los casetes con la música que “emitíamos” U2, George Michael, Led Zeppelin, Prisioneros, Soda Stereo, Hombres G.

También empecé a escribir. Mi mamá todavía guarda el único ejemplar de La Carreta, una revista de una sola edición y con un tiraje de un ejemplar que le hice en el día de la madre del noventa y uno o del noventa y dos. Yo, conservo uno de los cuadernos de cuentos que escribí en bachillerato y que llegué a transcribir, imprimir y anillar en una antología que se llamó diez cuenticos feligreses. Pésimo título, lo sé. Pero tenía 15 años.

Quería vivir de crear, de escribir y por eso estudié comunicación. Me gradué y empecé a trabajar en publicidad: me pagarían por crear, entraba a una industria en la que creativo no es un adjetivo sino un sustantivo (parecido a la canción de Arjona, esto) y lo hice por muchos años. Hasta que decidí parar: estaba creando pero no creyendo. Necesitaba volver a sentir que creo en lo que creo. Escribiendo esto lo estoy volviendo a sentir. O eso creo.

Un comentario en “Creo

  1. Todo lo que me perdí de la vida,de ni hermano de Uds tres, quiero llorar por todo lo que no di. Pero nunca es tarde para volver a empezar. Me gusta mucho como escribes, te felicito. Besos.

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