Blaisberg

Blaisberg es es paisa, paisa. Como una arepa con quesito. Como un carriel. Aunque su nombre parezca alemán o escandinavo y su calva, brillante y tostada, y su altura —lo intuyo por las rodillas que rozan el timón— recuerden a cierto árbitro italiano. A pesar de ser así de paisa, de hablar de vos y … Sigue leyendo Blaisberg

El día que todo cambió porque nada cambió

La publicidad: un vehículo de la comunicación para crear o reforzar el concepto de identidad nacional. Esa rimbombancia es el título de mi tesis de grado de comunicación social con énfasis en publicidad: un trabajo algo mediocre sobre un concepto que en esa época, trece años atrás, me generaba rasquiña: el de la identidad nacional. … Sigue leyendo El día que todo cambió porque nada cambió

Decepción

Tuve un retraso en el crecimiento. A los dieciséis parecía de catorce. Y como hice todo el bachillerato en un colegio de los que llamaban aeropuerto, porque llegaba gente de todas partes (vagos en su mayoría; lacras que tras varios colegios terminaban en este “club donde también se estudia” -tal era el slogan que repetía … Sigue leyendo Decepción

Conocí Medellín en el 2004. Semana Santa del 2004. Un amigo tenía una novia paisa y sus papás (los de la novia) tenían una casa rústica a orillas del mar en Isla Fuerte, frente a San Bernardo del Viento, en Córdoba. Ese año había empezado a trabajar así que eran mis primeras vacaciones autofinanciadas (esto … Sigue leyendo

Escribir

Uno debería no poder dejar de escribir. Que abrir un cuaderno, quitarle la tapa a un esfero, alisar una servilleta, tajar un lápiz, prender un computador, abrir un Word, fueran necesidades básicas. Que el cuerpo diera señales para que este oficio fuera un impulso que se tiene que satisfacer. Un retorcijón, el ardor en la … Sigue leyendo Escribir